© En el Libro del “Acompañante desconocido” de John A. Sanford, se habla de la forma masculina de la mujer y la forma femenina del hombre que sin lugar a dudas nos conforma a cada uno de nosotros como seres. Sanford nos explica las maneras en cómo Jung, investigador y estudioso de la psique humana; entiende estas formas nombrándolas así: Ánimus como el componente masculino de la personalidad de la mujer y Ánima, como el componente femenino de la personalidad del varón. Pensando en esto, y aplicándolo a mi persona, me acuerdo que yo siempre me quise considerar una mujer de apertura mental, que quería vivir al máximo mi propia vida, sin tomar en cuenta la opinión prejuiciosa de los demás.
Cuando descubrí la serie de Sex and the City, me encandilé con el personaje de Samanta Jones, una mujer demasiado liberal para el gusto de ciertos criterios, podría decirse que se le consideraba promiscua, atrevida y descarada, según la visión conservadora de personas con doble moral; pero para mí, era la mujer que yo quería ser, una mujer hasta cierto punto masculina… una mujer triunfadora, decidida, hermosa, fuerte y libre… y en ese sentido, ella era considerada muy, pero muy masculina, y tomando las ideas de Jung, diría que, con un gran Ánimus…
Entonces yo deseé ser masculina, tan masculina como lo era ella, en el sentido de libertad, y libertad en el sentido de ser adulta, dueña de mi cuerpo, de mis decisiones, de mis sentimientos, de mi autonomía económica y de mi manera de pensar; como casi les era dado ser a los hombres de mi tiempo — porque ellos tampoco eran libres como trataban de demostrarlo— Así que tomando a esta mujer como mi ejemplo, me di la libertad de gozar mi sexualidad como hacía Samantha Jones, me sentí en libertad de enamorarme de hombres y de mujeres, sin sentir prejuicio o culpa en admitir la belleza y la ternura de alguna mujer, me sentí en la libertad de conocer mis propios lugares secretos bajo mis propias reglas; me sentí en la libertad de amar a hombres más jóvenes que yo, de disfrutar de su virginidad mental y de su frescura; me sentí capaz de rechazar a hombres viejos que me daban asco por su vejez, por su olor y por su actitud ególatra, sintiéndose tan hombres… cuando se atrevían a ofrecerme cosas y dinero, cuando se atrevían a traicionar sus votos con otras mujeres que confiaban en ellos, cuando se atrevían a pedirle a una mujer, a mí, tener “aventuras con ellos” valiéndose de mis necesidades materiales y mi vulnerabilidad emocional, para que yo aceptara su horripilante ancianidad y decadencia… ¡Quién quiere a un vejete casado, cuando se puede disfrutar de un hombre joven, atractivo y libre…Yo, eligiendo ser yo...! Me atreví a decir NO, cuando yo quería decir No, y a escoger y a decidir… como casi le era permitido hacer a los hombres…
Me atrevía también, con resultados casi siempre catastróficos, a defender mis opiniones y mis derechos, aunque fuese mal visto y aunque obvio, a nadie o a casi nadie, le interesaban los problemas de una mujer sola… a menos que hubiera alguna ganancia de por medio, para el hombre que se atreviera a ayudar…
Me atreví a vivir mi vida como Samantha Jones y ahora puedo decir que le agradezco haberme enseñado otra forma de vivir y de pensar respecto a una mujer, donde la nueva visión de una misma era la de ser tan valiosa (como lo es un varón, para la sociedad hipócrita); y casi hasta más, por no depender de un falo erecto para ejercer el gozo de la sexualidad y la  apertura del pensamiento y la intelectualidad, y entender que disfrutar del sexo era una maravillosa experiencia de vida y no una carga en la que una mujer debe arrastrar culpas y pecados en la mente y en el corazón.
Y aunque como he dicho antes y concluyo ahora:
Muchos no me supieron entender, me juzgaron, me condenaron y me abandonaron. El precio ya lo he pagado muchas veces, y supongo que aún hay facturas por pagar —¡en pleno siglo veintiuno!— y sé, que me las cobrarán hombres y mujeres que aún no se encuentran a sí mismos y lo único que pueden hacer es atacar a quienes con temor ven diferentes… porque eso sí, yo aprendí a través de Samantha Jones a ser una mujer con un gran Ánimus, mi Ánimus, yo aprendí a ser mi propia Fábula Gótica…

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Un comentario en “Samantha Jones y Fábula gótica

  1. Es de agradecer leer algo inteligente, la ansiada y tan buscada libertad está en lo más recóndito de nosotros y sólo podemos sentirla propia, cuando logramos aceptar por igual a iguales y diferentes.

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