Algo más, Ters Wolf, Artista Visual, Escritora y Hacedora de Neosurrealismos

Las ánimas del Purgatorio y yo


Pareciera que tengo una obsesión con estos seres incorpóreos, que alguna vez fueron seres humanos comunes y corrientes; pero que por sus acciones malvadas en vida, al momento de morir, se los llevaron a una especie de cárcel, -perdonándoles así, las penas del maldito infierno, hasta el día en que logren pagar sus culpas en el Purgatorio- para después ir al tan esperado Reino Celestial, y sentarse a la diestra del Padre.

Pues sí, creo que tengo una fijación hacia ellas; desde su representación en pinturas y esculturas: tres, cuatro, seis personas encadenadas, ardiendo en el infierno, dolientes, miedosas, sufrientes, angustiadas, llorosas… (como en la imagen de la portada). Recuerdo que de chica me daban miedo, cada que tenía que verlas, cuando mi madre nos llevaba a la iglesia y besaba con ternura, la caja de vidrio en la que se hallaban,  mientras yo tomada de su mano, sentía el mismo terror y tristeza, que al ver el rostro del Cristo Muerto, dentro de un ataúd de cristal, recostado sobre encajes y satén blanco o azul cielo, pero sangrando; con los ojos y la boca entreabiertos, envuelto entre sábanas de yeso, manchadas al costado de color rojo sangre, por la herida de la Lanza de Longinos, -nombre del romano que la causa, que curiosamente es el mismo de uno los principales asesinos de Julio César; lo que hace sospechar pues, que es falso…-

 


Cristo muerto
Cristo muerto. Foto por Teresa Echeverría

En fin, fueron imágenes tenebrosas que aparecieron en mis pesadillas infantiles, y a veces en mis pesadillas de escritora o de creativa visual, no importando que el purgatorio, junto con sus ánimas, hayan sido borradas para siempre de las devociones de la iglesia católica.

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El Espíritu Santo con su Hijo crucificado, en espera de recibir a las almas que se sentarán a su diestra.

Foto por Teresa Echeverría

 

 

Siendo así, todo lo que llene mi fantasía con estas creaturas y otras hijas de tan vastas e innumerables imaginaciones religiosas, en efecto, me apasionan. Y bueno, casualidad o no, resulta que este martes, llegó a mis manos, por medio de unas cajas de chácharas que tiraron a la basura; un libro negro, con el título de: EL DEVOTO DEL PURGATORIO, no saben ustedes cuánto logró excitar mi intelecto y mi imaginación, el descubrimiento del mismo, junto con unas estampas de principios del siglo XX, estampas fúnebres de monjas y santos del catolicismo que venían dentro del libro que fue impreso en 1923 según parece, y por la casa editorial «Waldstatt» de Einsiedeln, Suiza.

 

 

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Lo que sea que fuere, inclusive si parece un tema en extremo anticuado, quizá de abuelas muy mayores, a mí me parece un asunto sobre el que hay mucha tela de donde cortar todavía, sobre todo, -y cada quien lo manejará a su modo muy particular- para los artistas y escritores, o sólo para quienes gustan de regodear sus ensoñaciones en cuentos de este tipo.

Yo nunca dejaré de recordar las historias que mis padres nos contaban sobre las apariciones de las ánimas, durante la infancia que tuvieron en aquellos pueblos ya casi inexistentes, donde los caminos estaban poblados de sombras y de oscuridad, que apenas eran iluminados por la luz de la luna y así, se veían repletos de seres extra terrenales. Nunca olvidaré la sensación, los colores, las formas y eso que al escucharlos narrar, mi cerebro de niña construía. Hoy muchos, sobre todo la gente joven, no saben nada de estas ánimas, pero los de generaciones de antes de los años ochenta, creo que por lo menos han oído algo o conocen su presencia en el escenario de las devociones. Ahora pienso que todas esos cuentos, la lectura y la pintura, de los que fui fiel discípula gracias a mis progenitores, me llevaron a ser quien soy hoy, y a exaltar mi creatividad y mi intelecto en este sentido.

Les comento que las fotos las tomé en alguna iglesia, de algún pueblo, que conservó ese aire antiguo del que me hablaban mis padres, y que seguramente ellos vivieron así en esa atmósfera temible y religiosa…

Sin más, los dejo y nos vemos muy pronto. Abrazo fuerte.