Creación Literaria, Teresa Echeverría Artista Visual

Soy una Artista; soy imaginación en un bosque de mandarinas.


 

 

 

Escogí un día de la semana para ser quien realmente soy: Una artista. Una exploradora de la imaginación que me conforma, a través de las imágenes y de las palabras que acomodo a mi gusto, para lograr mis propias invenciones. Soy una artista aunque a veces no me la crea, aunque a veces me sienta envuelta en la negra y húmeda mortaja de lo cotidiano. Por ello, para huir de la maldita mortaja, escogí un día, uno sólo de siete, pero fragmentado en ese número de días.01127bee50ea246eeb5be0f444a9807c93e2f02742En ese día: sueño. En ese día nada es prohibido: no el amor, no los besos, no la piedra filosofal, no el sexo, no el crimen, no las caricias, no la traición, no lo ingrávido, no los secretos, no la verdad, no el asesinato, no la vida, no la magia, no la mentira y tampoco la transformación que clamo de humana a loba, de loba a ave, y de ave a loba nuevamente…

El día que contiene 24 horas, lo divido cada noche, y cada noche por unas horas, vivo mi día, el día en el que soy quien soy; en el que me convierto en tu amante o en tu verdugo, en una bruja o en un fantasma… Soy un vampiro, soy un ángel de las jerarquías celestiales más importantes, soy una flor de Loto, un Buda y un duende… Soy un hada y una ninfa y también soy un sátiro del bosque llamado Consciencia… Puedo ser todo lo que he vivido y lo que no. Soy todo lo prohibido, soy un veneno, soy la muerte misma, la tumba y el lino, el buitre y los gusanos… y luego, soy un renacer. Me reinvento ante mí y ante los ojos de los otros aunque me odien, me ignoren, me admiren, me amen o renieguen de mí. Incluso si me maldicen o si no, esas 24 horas en las que busco a mi ser y que reparto durante cada noche, soy yo, soy una Artista, así, con A mayúscula; lo mismo que soy Maya, que soy Ilusión, soy nada y a la vez, lo soy todo en un bosque de mandarinas…01b85db46a35cc5ba74f7ac0b6ab60ba75b0f5af81

 

 

 

 

 

Teresa Echeverría Artista Visual

Invitada a Taller de Literatura y Creación Literaria, en el Club de Periodistas


Hola amigos, hoy les quiero compartir mi visita al Taller de Literatura y Creación Literaria en el Club de Periodistas ubicado  en la Calle de Filomeno Mata no. 8, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. El recinto es una edificación con poco más de 400 años de edad, que en sus inicios fue un hospital para pobres en la Nueva España, que pertenecía a la Orden de los Hermanos de la Señora de Betlehem de Guatemala, fundado en 1676. El edificio, pasó por muchos cambios desde que dejó de ser hospital; desde pertenecer a particulares, luego a diferentes secretarías; hasta que al fin en 1962, es cuando da inicio su albergue al Club de Periodistas.

Casa del Periodista Taller de Literatura y Creación Literaria
Casa del Periodista
Taller de Literatura y Creación Literaria

En fin que al visitarlo, tuve la experiencia de un par de horas muy interesantes, en las que hablamos de la poesía de García Lorca e incluso de sus pinturas y dibujos; de Anatole France, y de Matew G. Lewis, entre otros. Y lo mejor de todo; les comparto que en el taller tuve también el grato encuentro con un gran amigo de la  juventud.

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Maestro Héctor Arriaga Moctezuma, en ausencia del poeta Arturo Arredondo, titular del taller
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Interior del recinto

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Uno de sus miembros, un señor, escritor francés muy agradable, conocido como Etienne, me obsequió uno de sus maravillosos textos, con dedicatoria y todo. Se los transcribo, y de paso les cometo, que me impresiona el cómo, con tan pocas palabras se puede decir tanto:

Ayer

Etienne, Julio de 2015

Ardiente, el primer rayo de sol vino a estrellarse sobre mi mejilla iluminando el cálido lecho. Un aroma de café despertó el cuarto. Empecé a escuchar la sonata para gran viola de Paganini, acompañado deliciosamente por tus labios dulces y tiernos que hacían vibrar los míos hinchándose voluptuosos. Hundiste la navaja en mi cuello hasta el mango. Sentí la sangre tibia latir rítmicamente dentro y fuera del cuerpo, exitándome con un suave dolor…

Ayer, aún estaba vivo.

Ethien
Ethien

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El profe y yo

Ya en clase
El profe y yo

El profe también nos comparte uno de sus textos que a continuación les dejo.

Corriendo

Héctor Arriaga Moctezuma

– ¿Que si tengo tarjeta de crédito?-,- ¡Pero si solo quiero una bebida!- En verdad no me lo explico,  mejor me voy, este tipo me da mala espina, entro en su pinche tienda, le pido un jugo y me pregunta,- ¿Tiene tarjeta de crédito?- Me largo del lugar corriendo, doy la vuelta a la esquina  y sin mirar atrás, sin percatarme si me siguen, corro por el estrecho callejón, cada vez más rápido, corre que corre, sintiendo como el viento me golpea la cara y me vuela el cabello, cada vez más veloz, feliz de moverme,  casi volando mientras sonrió al dejar atrás puertas, ventanas,  casas y edificios, sintiendo el palpitar de mi corazón enloquecido y libre en las venas de mi cuello, mis pulmones se hinchan hasta no dejarme respirar, pero soy joven, aprieto las mandíbulas al llegar a la avenida, sin fijarme si pasan coches, si alguien transita por ahí, la cruzo a todo trapo, ¡raro! Una calzada tan grande y transitada, desierta, sin autos, sin gente, ni un alma, solo yo superándome a mí mismo, quizá no pueda ganarme en esta carrera, pero el empate lo tengo asegurado, pienso y me río, abro la boca para respirar, no es cierto, lo hago para reírme, corre que corre y no me canso y si me canso no me importa, deslizándome sobre el camellón de la avenida descubro a dos tipos que como yo están corriendo, volando sobre el asfalto, para encontrarme,  los conozco, son tan locos y jóvenes como yo, pero no pueden alcanzarme, van atrás de mí, siento su respiración y oigo su risa; entramos en una calle oscura, estrecha, solitaria, hasta llegar a una reja la cual atravesamos y descendemos trompicando unas escaleras interminables, bajando sin dejar de correr de a dos, de a tres escalones, alguno se romperá la madre, seguro que alguien se la rompe… pero llegamos desbocados hasta donde terminan estas malditas escaleras, gritando, saltando, felices, feroces, ninguno dice una palabra solo reímos sin dejar de saltar como cabras, como locos, se me ocurre una idea y voy corriendo de nuevo a subir las tremendas escaleras de dos en dos, de tres en tres, el corazón se me sale por la boca, me arde el pecho a cada respiración,  los otros dos me siguen sin dejar de reír, no puedo parar, las escalera no terminan, el ascenso es eterno, la vista se me nubla, poco a poco se hace oscuro, alguien me apaga la luz…

     Abre los ojos, la oscuridad lo envuelve, siente el cuerpo rígido, su corazón late sin prisa, le cuesta trabajo pero al fin se incorpora, hace frío, los pies le duelen de forma atroz, encuentra el pantalón encima de las cobijas, se lo pone con dificultad sobre la piyama de franela, busca a tientas su bastón cerca de la cama y sufre al pararse sobre sus rodillas deformadas por la artrosis; se cubre con el ajado abrigo y se enrolla la bufanda tejida hace años por su difunta esposa, toma la tarjeta de adultos mayores para ir por la leche y algo de pan, al salir a la calle, el viejo encogido y triste, no recuerda el sueño de la noche que esta por terminar.

Buena historia ¿no?

Ya por último, les dejo unas vistas que pude tomar desde la sala

Torre Latinoamericana

Vistas desde el Club de Periodistas
Vistas desde el Club de Periodistas

Sin más, agradezco la colaboración del Profe Héctor Arriaga Moctezuma y de Etienne, y por supuesto la invitación al Taller Literario en tan digna Casa.

Y a ustedes mis lectores y amigos, les dejo también mi agradecimiento y un gran abrazo.